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San Miguel de Bernuy
Llegado el fin de semana del 6,7 y 8 de Mayo 2006, habíamos decido, desde hacia ya un tiempo, hacer una salida al pueblo de San Miguel de Bernuy en Segovia, cerca de las hoces del Duraton y Sepúlveda y a una distancia de unos 150 km. de Madrid. Esta iba a ser una salida corta. Habíamos reservado una Casa Rural preciosa, una casona antigua y algunas habitaciones en un Hostal, todo para albergar unas 30 personas. El viernes por la tarde ya habían llegado 8 personas, después de un viaje de atascos a la salida de Madrid, agua y viento. El fin de semana se presentaba tormentoso. Después de alojarnos, encargamos en un bar unas tortillas, torreznos, pan y bebida que, unido a lo que llevábamos, nos permitió darnos una buena cena seguida, como es habitual, de una bonita tertulia con copa y todo, hasta la una de mañana, hora en la que llegaron otras dos personas. Al día siguiente “el canto de los pajaritos nos iba levantando” (esta es una frase del Pindoque), desayunamos y nos dispusimos a esperar al grueso de la gente que iba llegando. Se organizo un grupo para ir a Cantalejo y hacer acopio de provisiones “como para un ejercito”. A la hora de la comida nos fuimos en bandada al pueblo de Burgomillondo situado en la orilla del Rió Duraton, donde por 10 € despachamos una muy buena y abundante comida y donde estuvimos de tertulia y esperando a que dejaran de llover hasta las 5 de la tarde. Nos toco correr de vuelta a San Miguel, ya que habíamos alquilado unas piraguas para hacer un recorrido por el Rio Duraton y llegábamos tarde. Una vez colocados los chalecos salvavidas y después de recibir unas instrucciones de cómo se manejan los remos......, todos a bordo. Hasta que le coges el truco la verdad es que te gotea al alzar y bajar los remos, pero como Rafa tenia prisa se cayo de la piragua y así se mojo de golpe. Pasamos entre desfiladeros llenos de buitreras y había tanto silencia que cuando volaban los buitres se oía el ruido del viento. Era uno de los sitios mas bonitos y tranquilos en los que habíamos estado. El cielo nos había respetado durante el paseo en piragua pero volvía a amenazar con llover y, después de dejar las barcas, nos dimos una vuelta por el pueblo esperando a los últimos cuatro que faltaban por llegar, y que llegaron empapados. De regreso a la Casa Rural “chascamos la candela de la barbacoa” (otra frase de Victor), para empezar a preparar la cena cuando empezó a llover, lo que nos obligo a hacer la barbacoa con paraguas pero.... ¡¡ lo conseguimos!!. Llovía en la calle, lo que a alguno le venia bien para lavar la moto, y todos dentro de la casa bromeando, contando chistes (esta es la especialidad de Antonio) y tomando una copa hasta las 5 de la mañana. El domingo por la mañana, el resacon de noche se notaba en las caras de los que iban apareciendo a desayunar o que incluso no aparecieron. Hasta la hora de comer teníamos un tiempo en el algunos se fueron de ruta turística a un castillo en un pueblo cercano, otros se quedaron a ver Superbikes y Formula 1 y otros tomaron el sol en el jardín. A las 2 nos dispusimos a acabar con todo lo que había sobrado del día anterior, así que a darle otra vez a la barbacoa, café y.... a hacer el equipaje para preparar la vuelta. Por ese fin de semana esto se había acabado y tocaba volver “cada mochuelo a su olivo” ( a ver si sabéis de quien es esta frase) y hasta la próxima compañeros.
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